Miguel Vargas un personaje humano dentro del contexto político del PRD

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Por Fernando Peña

Alguien dijo que “todas las vidas políticas acaban en el fracaso. Así es la naturaleza de la política y de las cosas humanas”.  Y es que el político es alguien que combina el juicio sobre la herencia recibida y lo que es políticamente posible de manera que sea juzgado con la mayor benevolencia. Los hay quienes prefieren el aplauso ahora al elogio póstumo, aunque la posteridad haría un mejor juicio de ellos que sus contemporáneos.

Habría que preguntarse qué consiste propiamente el éxito y el fracaso en política, cómo se mide y quién lo determina.?

El éxito y el fracaso tienen muchos autores…

Miguel Vargas entendió que la política consiste en hacer lo posible en un contexto dado y no en un contexto cualquiera

¿Es bueno preguntarse la crisis, la disminución numérica del PRD es culpa de quién o quiénes? Es culpa de quienes estaban en la dirección, en la cúpula cuando estalló la crisis y pugilato por el control de la organización.  Claro, la solución recayó en quienes ganaron el pleito interno y se quedaron dirigiendo al PRD.

¿De qué modo influyeron las circunstancias que le tocó vivir a los que se quedaron en su PRD?

Esos actores políticos tienen su mayor cuota de responsabilidad.

Para relanzar al PRD hay que restablecer los principios elementales de la democracia interna, el funcionamiento de los organismos partidarios, la actualización de sus estatutos y principios fundamentales.

Miguel Vargas está legitimado por elección interna para la iniciar ese proceso y para tomar las decisiones y es su responsabilidad ante la militancia, ante la historia, ante la ciudadanía.

El debate político en el PRD no puede girar en torno a buscar culpables y purgas internas de ninguna índole. No. Hay que saber interpretar la situación. No debe imperar la confusión, confusión que es creada por la dificultad de adscribir responsabilidades, la abundancia de disculpas y las maniobras populistas de algunos que adjudican alegremente los aciertos y los errores del camino último transitado por el PRD.

El PRD histórico es un espacio de responsabilidades. Tanto para las coyunturas favorables como para las adversas, y quien lidera asume la responsabilidad.

A Miguel Vargas les toca decir cómo al antiguo primer ministro británico Harold Macmillan , con aquella afirmación lacónica, en medio de la euforia planificadora de los años 60, cuando le preguntaron qué había modificado más con su política: “los acontecimientos, querido, los acontecimientos”.

El éxito y el fracaso no son algo absoluto.

Puede incluso suceder que el fracaso objetivo se convierta en un éxito político o moral e ingresar en el ámbito del heroísmo, como Catón el Joven y su célebre suicidio con el que expresaba su negativa a vivir en un mundo gobernado por César o el lugar honorable que le ha reservado la historia a Henning von Tresckow, el inspirador del fracasado atentado contra Hitler en 1944.

El horizonte desde el que se valora el éxito o el fracaso es diferente porque continuamente se está modificando lo que es políticamente posible en cada momento.

Además, el éxito no se determina por los resultados inmediatos; hay muchos ejemplos de derrotas que fueron victorias en el largo plazo, del mismo modo que hay dimisiones que suponen una victoria.

Pero para ello, Miguel Vargas tiene que cambiar su accionar, su actitud política. Su manera de ejercicio, de práctica política.

Vale recordar una de la tanta mítica frase de Nelson Mandela: ” Las apariencias importan, recuerda sonreír”.

Miguel tiene una personalidad extraordinaria, con poder de seducción, confianza en sí mismo, capacidad de trabajo, integridad y valentía. Pero tienes que saber elegir sus colaboradores cercanos, acercarse a la gente, recibir a sus dirigentes, activar peinando todo el país, convertirse en fuentes de inspiración para todos los perredeistas.

En definitiva, desarrollar y aplicar habilidades comunicativas.

Miguel Vargas es un personaje humano, exitoso que ha incursionado en el contexto político en medio de grandes dificultades, él es un hombre sencillo, exigente, que ha sabido triunfar en el mundo de los negocios y profesional rodearse de personas brillantes para hacer desarrollar y crecer, pero que en la política no ha sido así. Un personaje luchador, proactivo, que siempre ha creído en el esfuerzo y en la constancia.

El PRD de ahora debe saber trabajar en equipo, sus dirigentes deben ser críticos, inspiradores, honestos, y a la vez, tener empatía, que arriesguen, que disfruten de cada momento y que su líder haga vivir a su equipo toda su pasión.

Si no es así, el PRD se extinguirá…

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