La espía estadounidense que se enamoró de un sospechoso de terrorismo sirio

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El amor mata al espionaje. Hay una larga lista de espías que sucumbieron a los deseos del corazón (“ese órgano tan flexible”, como define Woody Allen) y terminaron perdiendo la vida o su posición privilegiada. Sabemos que se trata de la segunda profesión más antigua, sino es la primera. Ya en la prehistoria había guerreros que salían en busca de información sobre las armas de la tribu enemiga o de sus secretos de caza. En el siglo VI a.C., el filósofo chino Sun-Tzu, escribió el “Tratado del arte de la guerra” que definía como “el arte del engaño”. Aseguraba que no existe un arte más elevado que el de aniquilar la resistencia del adversario sin recurrir a la violencia. Según él, el conocimiento previo de un escenario concreto suponía la victoria de cualquier gobernante. Y para alcanzar esta ventaja había que organizar un sistema de espionaje con agentes dobles y desertores. Los fenicios, varios siglos después, encontraron un método más fácil: armaron una red de prostíbulos en los principales puertos del Mediterráneo donde las meretrices se enteraban de todos los movimientos de las flotas y el comercio.

También, desde siempre los espías se enamoran de sus víctimas y toda su tarea termina trágicamente. Esta semana se conoció el último de estos casos que tiene en vilo a la comunidad de inteligencia internacional. Un romance prohibido con un sospechoso en una investigación de terrorismo llevó a una agente especial del Servicio de Investigación Criminal Naval (el NCIS, retratado en la famosa serie de televisión) a la cárcel por obstruir una investigación federal y compartir información clasificada. Leatrice Malika De Bruhl-Daniels,de 38 años, una agente que operaba en Medio Oriente y Asia Central, recibió advertencias de sus contactos en los departamentos de Estado y de Seguridad Nacional de que se “mantuviera alejada” de Nadal Diya, un ciudadano sirio que intentaba obtener una visa para entrar a Estados Unidos y que estaba bajo sospecha de ser un espía iraní. Pero ya no podían dejar de estar uno con el otro. Leatrice y Nadal mantenían una relación de hacía dos años y, supuestamente, ambos estaban profundamente enamorados.

La agente había sido asignada al consulado estadounidense en Dubai en 2016. Allí conoció a Diya, un hombre de 46 años, elegante y de una aparente enorme fortuna, que buscaba ayuda para conseguir una visa para viajar a Nueva York. Se la habían negado varias veces por sus negocios con organizaciones terroristas iraníes. Ella se preocupó por la situación e hizo algunas averiguaciones. Fue cuando le advirtió a Nadal que lo estaban investigando y que era mejor si no entraba en Estados Unidos “por el momento”. Leatrice también sabía que Diya estaba bajo el radar del FBI en una investigación de contraterrorismo que llevaba a cabo un equipo especial de agentes desde un cuartel de Houston.

“Leatrice Malika De Bruhl-Daniels estuvo empleada en el NCIS como agente especial desde febrero de 2010, pero fue desafectada en mayo de este año cuando se conocieron detalles de su comportamiento. Su acceso al material del NCIS y su autorización de seguridad fueron suspendidos. Fue arrestada sin incidentes y trasladada ante el juez de Alexandria, Virginia (frente a Washington, cruzando el río Potomac), el 28 de septiembre. Daniels estuvo estacionada en Dubai de junio de 2015 a abril de 2018”, fue toda la información que dio el portavoz de NCIS, Adam Stump.

Los documentos presentados en la corte de Alexandria muestran que Nadal utilizó su fortuna para agasajar, cada vez que pudo, a Leatrice. Diya organizó en Dubai una “fiesta extravagante” para el cumpleaños de Bruhl-Daniels en marzo de 2017 a la que asistieron varios funcionarios y agentes estadounidenses que no tenían información de las actividades del anfitrión. Incluso, algunos de ellos viajaron desde Washington con todos los gastos pagos. También hubo un catering y una torta de cumpleaños que, según el fiscal, costaron decenas de miles de dólares. En otro momento, Leatrice también recibió 1.400 dólares que gastó en unas vacaciones en Grecia. Aunque en su defensa especificó que se había tratado de apenas un préstamo que devolvió a Diya trayéndole varias botellas de whisky de calidad. También se presentaron evidencias de que el hijo de Leatrice fue empleado en la compañía de importación y exportación de Nadal con un sueldo de 3.000 dólares al mes.

En junio de 2017, la agente Bruhl-Daniels le envió un mail a Diya en el que le confesaba que se sentía “profundamente atraída” por él y que estaba “muy enamorada“. En un segundo párrafo le anunciaba que continuaba con sus esfuerzos por conseguirle una visa. Todo esto, a pesar de ella ya sabía que Diya estaba siendo investigado por sus negocios con compañías pantalla de la inteligencia iraní que violaban el embargo impuesto por Washington. En otro correo electrónico, la agente le dijo a su amante que había hecho “todos los esfuerzos posibles” por defender su inocencia ante los investigadores del FBI. Y le pidió que fuera totalmente sincero con ella porque “me estoy jugando la cabeza en todo esto”. En diciembre del año pasado, Bruhl-Daniels ya era parte de la investigación y fue interrogada por sus superiores. Los documentos presentados por el fiscal indican que la agente en ningún momento nombró a Diya ni informó que mantenía una relación, que para ese entonces ya era muy cercana y cotidiana.

Tres meses más tarde fue trasladada a un nuevo puesto en Hawaii donde se le asignó la custodia de un alto comandante naval de la Flota del Pacífico. Pero unos pocos días después fue trasladada nuevamente a Washington sin ninguna tarea en concreto. Bruhl-Daniels volvió a contactarse con sus fuentes de inteligencia para saber lo que había sucedido. Fue cuando la interrogaron directamente sobre su relación con Diya y le presentaron las evidencias que habían obtenido.

Su respuesta, según los documentos del juicio, fue: “No recuerdo haber enviado esto o decirle nada de lo que ustedes me dijeron, pero de todos modos creo que es algo muy malo y me arrepiento de no haberlo informado antes”. Luego, agregó que su intención había sido siempre la de espiar a Diya y obtener información confiable para la investigación del FBI pero que “erróneamente” se convirtió en algo personal. No le creyeron. Poco después, los agentes federales estaban en su casa de Mitchellville, un suburbio de Maryland, para llevársela esposada hasta la base naval de Norfolk.

Diya permanece libre en algún lugar del Golfo Pérsico o Medio Oriente. Hay una orden de captura internacional presentada por el FBI por realizar transacciones ilegales con empresas iraníes controladas por los servicios secretos de ese país. También, por haber usado pasaportes falsos, uno de Guatemala y otro de Argentina.

“Es probable que esté escondido en Siria bajo la protección de agentes iraníes o del Hezbollah libanés”, especuló un miembro de los servicios de inteligencia de Washington a un diario local de Virginia, sin dar su nombre.

Marthe Richer, la famosa espía francesa que actuó durante la Primera Guerra Mundial, escribió en los años 30 ésta definición de su trabajo: “El oficio de espía no es nada parecido a como se imagina normalmente, lanzarse a una aventura romántica en la que el peligro agudiza el placer; no es jugar a la mujer fatal, descubrir secretos a cambio de montones de oro. Ser espía es ante todo integrar “el servicio secreto”, donde todo ocurre en la sombra y los soldados caen silenciosamente, como en una trampa”. Leatrice Bruhl-Daniels no siguió ese postulado. Sucumbió al amor. Y, ahora, podría pasar 20 años en prisión.

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