Una fábrica de autos en México quiso controlar el clima; sus vecinos la culpan por la sequía

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PUEBLA, México — Una tarde a finales de agosto, en una zona rural en las afueras de la ciudad de Puebla, Estela Ramírez espió hacia el interior del estacionamiento de la fábrica de Volkswagen hasta que vio “el cañón”: una gran torre blanca con una especie de cono en el techo que apuntaba al cielo.

“Quema las nubes”, dijo, y después preguntó: “¿Dónde están? ¿Dónde quedaron?”.

Ramírez, de 52 años, es parte de un grupo de al menos 800 campesinos de la zona metropolitana de Puebla —una ciudad de un millón y medio de habitantes en el centro de México—, que han culpado a la empresa automotriz por la falta de lluvias que afectó sus cosechas en los últimos meses, desde que la compañía empezó a usar cañones antigranizo: aparatos que disparan a las nubes “ondas de choque” (una explosión de aire a través de una cámara de presión) cuando está formándose granizo, supuestamente para reducir el tamaño del hielo y hacer que se convierta en agua.

En abril de este año, antes del inicio de la época de lluvias en México, la planta de Volkswagen en Puebla —la segunda más grande de la empresa fuera de Europa— instaló tres de estos cañones, a pesar de que no existe ninguna evidencia científica sobre su efectividad. La empresa tenía buenos motivos para intentarlo igual: según un representante, el granizo que cayó sobre los autos en 2017 les causó pérdidas por 20 millones de dólares.

Sin embargo, a medida que se empezaron a escuchar las explosiones, los pobladores de las comunidades campesinas que rodean la gigantesca planta de 300 hectáreas —casi 50 estadios de fútbol— notaron que este año no caía lluvia suficiente para que sus cultivos de maíz crecieran. Y sacaron sus propias conclusiones.

Felipe Juan Santa Bárbara dijo que él lo comprobó una tarde de mayo, mientras araba su tierra, a poco más de un kilómetro de la planta de Volkswagen. Ese día las nubes se veían muy cargadas, dijo, parecía a punto de llover, cuando de pronto escuchó varias explosiones y el cielo empezó a despejarse. Según Santa Bárbara la lluvia nunca llegó, pero las explosiones continuaron.

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Guardias de seguridad en el complejo industrial de Volkswagen que tiene un cañón antigranizo (la torre pequeña del centro) en Puebla, México, el 23 de agosto de 2018. CreditBrett Gundlock para The New York Times

En junio, preocupados por la sequía, cerca de un centenar de vecinos bloquearon una de las entradas principales de la planta de Volkswagen para exigir que los recibieran. Días después, representantes de la empresa y del gobierno se reunieron con varios de ellos y les explicaron que no había pruebas de que los cañones afectaran la lluvia. Pero no fue suficiente para acabar con el conflicto.

Con el paso de los meses, las mazorcas se pusieron más pálidas en los campos y las espigas se volvieron amarillas por la falta de agua. Los campesinos volvieron a protestar e incluso llegaron a bloquear una autopista a principios de agosto para exigir que la Volkswagen cancelara el uso de los cañones.

Muchos de los que viven alrededor de la planta se han dedicado al campo por generaciones, principalmente al cultivo de maíz, tanto para su consumo como para la venta. Nazario Cuauhténcos, un campesino que tiene una parcela de tierra a menos de un kilómetro de allí, aseguró que con las siete toneladas de maíz que saca anualmente alimenta a su familia y a sus animales. Pero este año, dijo, tendrá que buscar trabajo en una empresa o en construcción. Incluso tal vez en la misma Volkswagen. “Por lo menos es dinero seguro”, comentó.

El secretario de Desarrollo Rural del estado de Puebla, Rodrigo Riestra, dijo a The New York Times que este año la región sufrió la canícula más severa desde 1941, lo cual produjo una sequía prolongada y afectó a las siembras en distintas regiones del estado.

Riestra explicó que, si bien ellos creen que no existe correlación entre el uso de cañones antigranizo y los cambios en las lluvias, ante la escalada del conflicto social entre alrededor de 800 campesinos inconformes y la empresa, el gobierno estatal decidió acordar con la empresa que se dejara de usar los cañones de forma automática.

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